Las personas tímidas saben que son tímidas porque experimentan cierto temor al estar con gente.

El que no conoce a una persona que es tímida puede llegar a pesar que es antipático o un soberbio. Una persona tímida pueda estar nerviosa, incómoda, cohibida, asustada. Se puede llegar a reflejar en el cuerpo como sudoración en las manos, boca seca, quedarse sin habla, ponerse colorada.  Puede sentirse incómoda a decir algo que piensa porque se siente insegura. La timidez puede ser por genética o puede ser por experiencias de vida.

Se trata de un sentimiento de impotencia al tener que realizar una determinada acción delante de otra persona, un miedo crónico que procede de una absoluta desconfianza en sí mismo y en los que lo rodean. Se manifiesta como una impresión de inseguridad y vergüenza hacia uno mismo que puede experimentarse frente a un episodio nunca antes atravesado y de alcance social. Esta sensación obstaculiza las conversaciones y los acercamientos en general.

El rasgo más característico de la timidez es esa excesiva percepción de una misma que tiene la de sus reacciones físicas y emocionales ante la situación que de la situación en sí. Una persona tímida no percibe el momento que se está viviendo, sino las consecuencias de la timidez, especialmente la creciente ansiedad que está experimentando.

Existen dos tipos de timidez:

-La esperable a ciertas edades y situaciones, que no llegan a bloquear al individuo

-La crónica, que impide que la persona se relacione con normalidad.

La persona tímida se caracteriza especialmente por la inhibición social y las ganas de pasar desapercibida. La gran diferencia entre las personas tímidas y aquellas que presentan el trastorno que se conoce como fobia social es que a estas últimas les encantaría poder no inhibirse y relacionarse de forma satisfactoria a nivel social. Sin embargo, los tímidos no tienen por qué desear necesariamente relacionarse con otras personas. En cualquier caso, existe una gran relación entre fobia social y timidez.

Principales características

  • Se suele encerrar en sí mismas.
  • Les cuesta expresar sus sentimientos.
  • Muestran elevados niveles de ansiedad en situaciones sociales.
  • Prefieren pasar desapercibidos.
  • Se sonrojan fácilmente.
  • No expresan abiertamente su opinión.
  • Frecuentemente están pendiente del “qué dirán”.
  • No les gusta sentirse observados.  

Causas

La etapa clave en la que aparece la timidez es entre los cinco y los siete años de edad. En ese momento se manifiesta como miedo a uno mismo.

En la adolescencia, se vuelve un mecanismo sistematizado; esto se debe a que el individuo tiene una mayor consciencia de sí mismo y comienza a actuar en consecuencia para conseguir una imagen favorable entre las personas con las que se relacione. Esta última etapa es primordial para definir el tipo de timidez que tiene la persona; puede ser la normal de un joven que comienza a madurar y a comprender más de su entorno y de su lugar en el mundo, o puede ser una afección crónica que lo lleve a aislarse.

Los padres que no permiten que sus hijos afronten situaciones correspondientes a su edad y los sobreprotegen para evitarles la frustración, el temor o el fracaso, fomentan el desarrollo de la timidez. También sucede con los que los obligan a realizar demostraciones frente a las visitas o que los comparan con sus hermanos, provocándoles vergüenza y frustración. Por último, el no conseguir adaptarse a los cambios propios del paso de la infancia a la adolescencia, también son factores que facilitan el desarrollo de la timidez.

La timidez es un trastorno que, como muchos otros, puede evitarse. Para ello es fundamental que los padres eviten con sus hijos actitudes como:

– Intolerancia

– Severidad sistemática

– Constantes prohibiciones

– Castigos y humillaciones

Consecuencias

-Excesiva necesidad de aprobación.

-Dependencia emocional de aquellas personas con las que se sienten bien.

-Susceptibles a las críticas.

-Se sienten solos y en algunos casos realmente lo están.

-Baja autoestima

Y ahora qué hago?

En los casos en los que la timidez tenga importantes consecuencias negativas e interfiera excesivamente en la vida de la persona afectada, puede ser necesario contar con ayuda especializada. La terapia psicológica orientada a superar la timidez comienza con una evaluación previa de la persona, que tiene por objeto determinar cuáles son las posibles causas de su timidez.

El tratamiento de la timidez consistirá en entrenar al paciente en la construcción de herramientas y estrategias específicas que le permitan hacer frente a determinadas situaciones, y le facilitarán el autocontrol del malestar emocional que sufre, a través de técnicas cognitivas como la detección de ideas irracionales, o de técnicas de exposición como el entrenamiento de habilidades sociales.

Frecuentemente el tratamiento se completa con técnicas de relajación para ayudar al paciente a controlar la activación que puede producir la timidez en algunas ocasiones controlando así algunas de sus manifestaciones, como el rubor, cuando esto sea posible.

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